Cuando te concentras en señalar y sacar las pajas de los ojos ajenos, se te olvida que los tuyos tienen vigas. Señalar los errores de otros, muestra lo hipócrita que somos y nos ubica automáticamente, dentro de la toga de un juez. Te invito a Desentronarte de esa silla de juicio y dejar que ese rol lo ocupe Dios. Recuerda el día que llegaste a los caminos del Señor. De seguro estabas sucio, lleno de culpas, urgido de compasión y de un abrazo, anhelo de ser cubierto de la gracia y la misericordia del Padre. Eso mismo le pasó a una mujer carente de amor, que habia sido encontrada en pleno acto de adulterio y lista para ser apedreada según la ley mosaica decretada, a quien fuese encontrado infraganti en tal pecado, por parte de los fariseos.

Ella estaba destruida emocionalmente por el error cometido, por el rechazo del sistema religioso y estaba sola, porque el hombre con quién estaba también había huido. ¿Cuántos errores has cometido en la vida? Incontables de seguro, pero no por ello debemos morir señalados y apedreados a palabras. No lleves contabilidad de pecados ajenos, porque tu enorme libro de pecados, fue clavado a un madero y lavado con la preciosa sangre de Jesús. Cada vez que nos arrepentimos y pedimos perdón, el Señor borra la lista, y se olvida para siempre de nuestros pecados.

Cuando conservas y mantienes fresco el registro de ofensas y faltas que otros han cometido contigo, te haces daño y es allí, cuando te colocas la toga y profieres juicios morales, pero no te miras a ti mismo. Desde esa incorrecta posición de juez, no te es suficiente ver que otros hayan humillado su corazón delante de Dios en privado. Buscarás satisfacerte señalando o juzgando. Los que me conocen bien, describen mi amor y servicio a Dios, el amor por mi hija y por la gente, el ganar y discipular personas y mi esmero de construir buenas relaciones. Como todo ser humano cometo ERRORES e inevitablemente le falló a las personas.

Servir a Dios es un alto precio que pagamos nosotros y nuestras familias. Erróneamente la gente nos ve más como divinos que como humanos y no perdonan fácilmente una falta nuestra. Algunos no valoran el sacrificio de servirle a Dios y a ellos mismos. No nos podemos enfermar, tenemos que estar 24/7 a disposición de las necesidades de otros, no se nos pueden olvidar los cumpleaños y a la hora de orar por un enfermo, si no puedes asistir presencialmente y das la opción de orar por teléfono a través de un audio grabado, se resienten contigo.

Algunos sólo te buscan para lo que necesitan, se sirven de ti y luego se desaparecen para volver a aparecer a que los ayudes en su necesidad. Si como hombre de Dios no pongo mi mirada en Cristo, con tanta ingratitud, indiferencia y a veces piedras injustas, ya habría renunciado al ministerio hacía mucho tiempo. Valora y honra el llamado de los hombres y mujeres que hemos decidido dedicar nuestra vida al servicio de Dios. Bendícenos en tus oraciones y no nos maldigas. Esto también es un trabajo y no es fácil. Te invito a orar por tu líder o pastor en este momento.

Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

4 comentarios

  1. Bien claro es el Señor cuando nos habla en Romanos 2:1. Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quien quiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro te condenas a tí mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.
    Partió mi vida en dos.
    Excelente su mensaje.

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  2. Pastor desafortunadamente en mi vida he tirado muchas piedras, a veces nos creemos superhéroes con el poder de juzgar, Gálatas 6:1-5 habla tan maravillosamente de nuestro verdadero proceder como cristianos, corregir con amor, cuidarnos de no ser tentados también, sin creerme más importante que el otro, sin comparaciones, ya que cada uno es responsable de su propia conducta delante del Señor.
    En psicología se habla de proyección cuando un individuo critica a otro por conductas que no acepta en si mismo y las ve en los demás con desagrado. Por lo cual debemos mirar nuestro interior, tal vez aquello que juzgamos es algo que nos caracteriza y como mecanismo de defensa lo vemos en los demás.
    Muchas gracias pastor, bendiciones.

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