La raíz de todos los males en el corazón del ser humano, es el amor al dinero. Un billete de alta denominación en nuestras billeteras o bolsos, nos da la sensación de seguridad. Sentir que tenemos respaldo de unos ahorros, nos puede llegar a hacer sentir confiados y podemos poner nuestra dependencia en eso, más que en Dios. ¡Cuán engañados entonces somos en nuestra identidad, si pensamos que nuestro SER lo define el TENER! Por alguna razón, el Señor dijo que era más fácil que un camello entrara al ojo de una aguja, a que un rico ingresara al Reino de los cielos. El sistema del mundo está regido por Mamón, una deidad pagana-espiritual que rige y controla financieramente la banca, las bolsas de valores, algunos empresarios, el corazón de la mayoría de políticos y gobernantes, y algunos creyentes no rendidos completamente a Dios.

Detrás de la ambición, la avaricia, la tacañeria, el criticar a la hora de dar y bendecir a quien lo necesita y también juzgar a quien bendice a la obra del Señor, es manipulado por Mamón. Los pastores somos criticados porque según se cree, le robamos los diezmos a las personas. Esta es la falacia más grande que he escuchado desde que me convertí y sirvo a Dios como pastor. Lo que muchos no saben, es que quienes damos fielmente nuestros diezmos a las organizaciones a las que pertenecemos, tenemos un compromiso de por vida con Dios. Hemos visto Su Gloria en el área financiera y «somos felices dando». La obra del Señor cuesta dinero hacerla y no le pertenece a ningún hombre, es del Señor. Cuando Mamón gobierna en el corazón de quienes critican, se pierden de vivir en plena libertad financiera, ya que no permiten que el Señor gobierne TODO en sus vidas, y todo incluye «el dinero». ¿Quién gobierna tu corazón? ¿Mamón o Dios?

Dios me enseñó que nada es mio. No tengo nada en esta tierra. Todo es del Señor. Sólo he sido llamado a administrar y rendirle cuentas al verdadero dueño: DIOS. Quien ama el dinero, «nunca tendrá suficiente» y siempre querrá más, en algunos casos para propósitos egoístas de su propio corazón. Medita entonces si verdaderamente el centro de tu corazón lo ocupa Jesús, o el dinero. Al final nada de lo que tanto te esfuerzas en conseguir, te acompañará en el estrecho ataud en el que un día estaremos, el día que muramos.

Aprende a dar y a bendecir. No des migajas ni de lo que te sobra. Da como un sacrificio que te cuesta. Muere y renuncia al amor al dinero y ver a los canales que Dios usa para bendecirte como fuente. No le usurpes al Señor, el lugar que como padre, gran proveedor y dueño de todo, debe ocupar en tu vida. Hazlo el centro de todo. Desconocer para qué tenemos dinero, es el despropósito más grande que existe. Enfocarnos en el plan por el cual Dios nos bendice, nos hace plena y verdaderamente libres. Tener no es lo más importante y tener cosas, nunca llenará nuestros faltantes emocionales.

Somos hijos del dueño de todo. Como dice Gilberto Daza en su canción: ¿Quién dijo miedo?
Si yo camino con el Rey del universo,
Yo soy el hijo del que todo lo hace nuevo.
El dueño de esto es mi Papá. Esto cambia la perspectiva de la vida. No eres mendigo de nadie y muchísimo menos de Dios. Recuerda que Él no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final. Abrazo fraterno para todos y feliz fin de semana.

Pr. José Ángel Castilla

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