Al final de nuestra vida


El día del nacimiento y de la muerte tienen algo en común: la desnudez con la que llegamos y las manos vacías con las que partiremos. Nada traemos a este mundo y nada nos llevaremos. Todo lo material se queda aquí. El bebé al nacer, le suministran todo porque es dependiente emocional y físicamente de sus padres. Morir es parte de la vida, es la última étapa de la misma y la puerta hacia la eternidad. Tanto esfuerzo, trabajo y en algunos casos de aquellos, que idolatrando los bienes materiales nunca los disfrutaron, ni los cedieron en vida a sus hijos por egoísmo, finalmente esos bienes no se irán con ellos en el viaje hacia la eternidad.

Hoy es un excelente día para reflexionar respecto de la vida eterna, como consecuencia de nuestras decisiones terrenales. La vida no termina aquí cuando muramos. Jesús nos enseña a hacer tesoros en los cielos. Y ese atesorar lo incluye a Él. Todo lo que tanto atesoramos bajo nuestro enfoque materialista, el Señor lo llama añadidura. ¿Qué estamos haciendo para alcanzar la vida eterna? ¿Buenas obras creyendo que ellas nos llevarán al cielo? O creyendo y confesando a Jesús como único y suficiente Salvador personal.

Que tu mayor riqueza sean los dones dados por Dios. Proferir sabiduría de nuestros labios vale más que el oro y la plata de éste mundo. Si a los ojos del mundo la sabiduría se cotizara en las bolsas de valores, muchos hijos de Dios seríamos millonarios. Lo unico que le dice a los ricos de este mundo que lo son, son el papel moneda que los define y que poseen en cantidad. ¡Somos más que ese papel contaminante, alérgico y portador de virus! Esa «riqueza», en el Reino de Dios, realmente no lo es. Deja de preocuparte entonces, por sólo tener y no ser, bajo los ojos de Dios, quien finalmente decidirá tu destino final de acuerdo a tu fe en Jesús.

Al final, nada trajiste y nada te llevarás de éste mundo. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

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