Los tiempos que vivimos son transicionales. No son eternos. Algunos no logran aún sobreponerse a esa transición y pareciera que estuvieran estancados. Quedaron con la paranoia del encierro, de pensar que en cualquier lugar se van a contagiar de C19 y no se dan cuenta que sus miedos abren puertas y permiten que su sistema imunológico se debilite y estén más propensos a enfermar. ¡Necesitamos confiar en Dios! Todo lo que vivimos lo está permitiendo el Señor y vemos también Su Gloria en sanidades, libertad física, emocional y espiritual, así como nuevos tiempos de refrigerio y de renovación.

Siéntete en un pupitre en donde Dios te entrena y capacita para las nuevas tareas que se nos avecinan. Nunca dejamos de aprender pero también de rendir cuentas y aprobar sus exámenes. Él nos está dando una nueva perspectiva, ideas y estrategias para caminar hacia el cumplimiento de sus propósitos. Él prepara también nuestro corazón para seguir creyendo y viendo mayores manifestaciones de su poder y Gloria. Sus promesas siguen vigentes y son nuestra mayor garantía de cumplimiento porque escritas están y tarde que temprano se cumplirán. No andamos como barca a la deriva. El Señor tiene el timón y está bajo su completo control.

Que la tierra y todo lo creado se someta a su absoluta y suprema voluntad. Así como la tierra no cesa de girar, Dios está en movimiento permanente y su ojo recorre este hermoso planeta azul creado por él, sencillamente porque aquí habitamos sus hijos y nadie mejor que él para cuidarnos y protegernos. Éste pasaje nos exhorta a apoyarnos en Dios. En los tiempos bíblicos habían guerras y el vidente Ananí llega donde el rey de Judá Asa, y le dice que por no confiar en el Señor, el ejército del rey de Aram escapó de sus manos. En estos tiempos necesitamos apoyarnos y confiar como nunca en nuestro buen y sabio Señor. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

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