El mundo vive amenazas permanentemente. Nuevas pandemias, guerras y rumores sobre nuevas guerras y la aprobación de leyes que van en contra de la vida. Ante tanta mala noticia y el festejar que los antivalores parecieran imponerse más que los valores, no debemos de dejar de usar la llave que abre, aún las puertas más cerradas y es LA ORACIÓN. Jesús nos dejó este hermoso legado para depender del Padre, pero también como herencia de autoridad frente al mundo espiritual y para reclamar lo que nos pertenece y que ha sido quitado. Finalmente la oración nos recompensa al recibir respuesta a nuestras necesidades y conquistar aquello que consideramos perdido, pero con la ayuda del Señor será devuelto y con creces.

Cuando se pierde una batalla, se siente que todo el esfuerzo invertido para lograr algo se va hacia la caneca de la basura. Nadie quiere invertir tiempo y dedicación para perderlos en un combate. El sentido de pérdida en la Biblia, se asocia al propósito por el cual perdemos. Jesús entregó su vida, el Padre entregó lo más amado, la viuda de Sarepta entregó su último bocado de alimento al profeta que se lo pidió y Abraham obedeció a la instrucción de Dios de sacrificar a su hijo Isaac. Todas son «pérdidas y sacrificios» que el Señor pide y ve el corazón con el que se entregaron. Entendamos entonces que fue necesario entregarlos.

Cuando oramos ofrecemos el corazón, tomando llaves (palabras), para abrir puertas cerradas en el mundo espiritual. Puertas que en nuestras propias fuerzas no podríamos abrir, porque nos agotamos de empujar o perdimos la paciencia ante situaciones difíciles, en donde necesitamos la intervención divina y sobrenatural de Dios. Nadie como Él para ayudarnos, aún en el momento más oscuro. Por eso Jesús nos enseña que dirijamos las oraciones al Padre, pero en su nombre. Porque en el nombre de Jesús, tenemos la autoridad y la llave correcta para abrir puertas. Esta oración elevada, debe ir acompañada de gratitud y reconocimiento de pecados y faltas.

¿Qué puerta necesitas abrir hoy? Ábrela en secreto con Dios, no compartiendo a los hombres lo que estás necesitando y esperando. Tu Padre que te ve y escucha en lo secreto, te recompensará en público. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final. Abrazo fraterno para todos y feliz inicio de semana.

Pr. José Ángel Castilla

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