La oración es una llave que abre y cierra puertas en los cielos y en el mundo espiritual, teniendo esto un poder extraordinario. Ejemplo de esto nos lo da el apóstol Pedro cuando reconoce a Jesús y le llama MESÍAS e Hijo del Dios viviente. Jesús le cambia su nombre de Simón (vara flácida movida por el viento) a Pedro (Roca). A veces adoptamos comportamientos así, somos flácidos, inseguros y volubles, frente a circunstancias en las que el Señor demanda que seamos como rocas. Así tienen que ser nuestras oraciones. Con autoridad y poder, reconociendo la llave 🗝 y abriendo las puertas de los cielos. Esa autoridad se ve reflejada, en que todo lo que ataremos en la tierra, atado también quedaba en el cielo. Esa es autoridad en acción a través de la oración, tomando el poder de la Palabra y poniendolo en nuestra boca.
Atar o desatar no se refiere a usurpar la voluntad de Dios sino declarar algo como prohibido o permitido.


Mateo 16:18-19
18 Ahora te digo que tú eres Pedro (que significa “roca”), y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no la conquistará. 19 Y te daré las llaves del reino del cielo. Todo lo que prohíbas en la tierra será prohibido en el cielo, y todo lo que permitas en la tierra será permitido en el cielo.


Con la oración necesitamos ser estratégicos para mantener esa llama permanentemente encendida. Sin fuego hay frio. Y es la oración un elemento clave para mantener ese fuego de nuestra comunión encendido. Existe un poder implícito en la oración y es usar la Palabra de Dios para orar. De lo contrario haríamos oraciones sin fundamento y llenas de emotividad. A diferencia de orar con la Palabra, ya que decretamos promesas y le recordamos a Dios lo que nos ha prometido. Él no es hijo de hombre para mentir ni hombre para arrepentirse. Todo lo que ha prometido lo cumplirá. Siempre será mas fácil que alguien nos diga lo que tenemos que hacer. Pero cuán grande y valioso es preguntárselo a Dios. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscribete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final.

Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla.

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