Ayer se tomaron decisiones a favor de la democracia en Colombia, a través del voto popular hacia las colegiaturas de senado y cámara de representantes. Un camino que aún no acaba, porque el deseo en el corazón de muchos es que un buen hombre con principios y valores, gobierne los destinos de nuestro país con justicia y equidad. A veces atribuimos al hombre facultades que sólo le corresponden a Dios. Mientras los gobernantes no dejen a un lado el ego inflado, la arrogancia y no se rindan a los pies de Jesús, los gobiernos serán incompletos y falentes de integridad y credibilidad. Por eso necesitamos no perder nunca la esperanza y el enfoque en el Señor. La Palabra nos exhorta que: ¡Maldito es el hombre que pone su confianza en los hombres y no en Dios!

Cuando hemos errado en el blanco o pecado necesitamos arrepentimiento. De forma personal, sacerdotal o colectiva, la acción de arrepentimiento indica cambio de giro o de conducta. Ejemplo de esto en la Biblia nos lo enseña David siendo Rey, cuando luego de adulterar y asesinar al esposo de la mujer con la que pecó, experimenta un momento de confrontación del profeta Nathan y el reconocimiento de la grave falta cometida. ARREPENTIMIENTO Sacerdotal, lo vemos en el libro de Nehemias, cuando levanta una oración para ganar el favor del rey al que servía a fin de poder obtener permiso para ir a restaurar los muros de la ciudad de Jerusalén.

Arrepentimiento Nacional, es la consecuencia de los dos momentos anteriores. Al rendir nuestro corazón bajo la dirección del único Rey y Dios supremo, permitamos que él gobierne no sólo nuestro corazón sino que se ocupará del resto de los habitantes de Colombia. El Señor ACTUARA y hará conforme a su suprema voluntad por encima aún de gobernantes corruptos y ateos. Humillemos el corazón delante del Señor para buscar sanar nuestra tierra personal llamada corazón y lograr impacto y trascendencia en otras tierras que tanto le necesitan pero no lo reconocen por su ceguera espiritual.

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Pr. José Ángel Castilla

1 comentario

  1. Elegir un gobernante es una responsabilidad muy grande, sobre todo cuando no conocemos realmente lo qué hay en sus corazones, lamentablemente son muy pocos los que muestran rectitud y amor por los demás; la corrupción campea cuando ejercen sus cargos públicos, es allí donde ronda el enemigo con sus legiones, principados y potestades, en medio de cócteles y reuniones se aprueban negocios todo con el auspicio del enemigo, pero cuando llega la autoridad y descubren los llamados torcidos es cuando se acuerdan de Dios y viene ese arrepentimiento, ya para qué si el daño está hecho, está consumado, no ayudó al necesitado sino que le quitó con su actitud desviada. Se acuerdan de Dios cuando van a las elecciones y cuando sufren las consecuencias de la corrupción, que lástima que todo gobernante no tiene a Dios en su corazón, tal y como Usted Pastor me lo hacer en su escrito “porque el deseo en el corazón de muchos es que un buen hombre con principios y valores” sea el que gobierne que tenga a Dios en su corazón.

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