Gran parte de mi infancia y adolescencia la viví en casa de mis abuelos maternos. Pero un hubo un año en el que mis padres compraron casa a las afueras de la ciudad y los recorridos en bus eran enormes para poder llegar de la casa al colegio y viceversa. Mi mamá trabajaba y cada vez que salía me llenaba de miedo pensando en que si se accidentaba en uno de esos buses podía morir y me dejaría abandonado. Eran años tiernos de inseguridad e inmadurez, carentes de identidad en Dios. Su amor aún no había sido revelado a mi vida, lo que permitía que malos pensamientos hicieran nidos en mi cabeza.

Cuando el amor de Cristo lo experimentamos, se va el temor, la inseguridad, sabemos quienes somos y hacia dónde vamos. Con el amor del Señor movemos montañas y delante de su presencia, tiemblan las colinas. Así es el amor de Dios por nosotros. Un amor firme. Nada en este mundo nos garantiza eternidad. Nuestros padres un día no estarán. Los hijos crecen, se vuelven adultos, se casan y hacen su vida. Uno de los dos cónyuges partirá primero a la eternidad. Las empresas robustas y sólidas un día dejan de serlo. Las tendencias son temporales, los amigos y conocidos un día también dejarán de estar cerca nuestro por diversas circunstancias.

¿Qué nos queda entonces cuando nada ni nadie más esté? El infinito y pleno amor de Dios. Un amor firme, no inestable ni voluble. Fiel así como lo describe Su Palabra. El juró por sí mismo ya que no encontró por quien hacerlo y sus palabras son verdades eternas. Nadie lo puede dudar. Quizás has sentido moverse montes cerca de ti y piensas en que todo te afectará. Dios está en su trono y sólo necesitas reposar en Él para así poder luchar, seguir caminando en sus caminos y seguir confiando.

Aunque mi madre hoy ya no esté, Dios sí está y nunca morirá porque su amor es firme. Pídele hoy al Señor que revele Su tierno amor a tú corazón. No vuelvas a sentirte sólo y huérfano, porque Dios no te ha abandonado. El es el mismo ayer, hoy y por toda la eternidad. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final de esta reflexión en la caja respectiva. Abrazo fraterno para todos.

Pr. Jose Ángel Castilla

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