En algunas culturas, «terco como una mula», es una expresión que se usa para describir a las personas inamovibles en su parecer y en su razón. David el salmista describe acerca de la terca naturaleza de las mulas cuando dice: «Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos». Luego expresa: «No seáis como el caballo, o como el mulo, que no tiene entendimiento«. Una persona terca, necesita que la sujeten con cabestro y con freno para que obedezca. En lo que a cumplir los mandatos de Dios se refiere, no debemos ser tercos ni obstinados. Tampoco debemos girar nuestra cabeza y «endurecer la cerviz», sino aprender a ceder y ser flexibles en las manos del Señor.

A alguien terco le costará aprender las lecciones en la vida. Quien le forma tendrá el cabestro siempre, ya que no existe otra forma de sometimiento. ¡Qué difícil la convivencia con alguien que le dice no a todo!, ¿Cuánta paciencia necesitamos para lidiar la terquedad? De forma personal, he luchado con muchas personas tercas en la vida. No se alcanzan a imaginar las «canas formativas que me han sacado», cuando me llevan la contraria. Con el tiempo, terminan haciendo aquello a lo que se resistieron y opusieron por su misma terquedad. No reconocen que estaban equivocados por orgullo y ejecutan las cosas, cuando y de la forma en que mejor les parece. Lo que no saben es que la obediencia tardía es desobediencia. La Biblia registra ejemplos de terquedad o comportamiento similares al de una mula como en seres humanos. En el antiguo testamento, el faraón era famoso por su terquedad. Su obstinación no le hizo bien ni a él ni a la nación. Israel como pueblo de Dios, también fue terco, al rebelarsele más y más al Señor, alejándose de Su amor y de su protección.

La palabra hebrea traducida como «terco» significa: «dar la espalda, moralmente obstinado, rebelde, y en retroceso». Dios considera la terquedad como un pecado tan grande, que en la ley, si un hijo era obstinado, rebelde, libertino y desobediente a sus padres, ellos tenían que llevarlo a los ancianos y todos los hombres de su ciudad lo apedreaban a muerte. Terquedad, dureza de corazón, orgullo y rebeldía van asociadas. Renuncia a estos pecados en el nombre de Jesús. No lleves más la contraria a las personas que te enseñan. Sé humilde y recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Feliz fin de semana. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

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