Estudiando la Biblia para preparar el último mensaje que prediqué en Centro Bíblico Internacional al que titulé: «En mi lugar», tomé al apóstol Pedro como personaje de referencia. (Al final de éste artículo te dejo el link para que puedas verla, justo en 1.02 hrs del video). Éste hombre galileo y pescador, que vivió un momento difícil y desafortunado, cuando luego de experimentar tres hermosos años de formación y gozar de la presencia del «maestro», lo niega y escucha el sonido del gallo cantar, confirmando así lo que el Señor le había dicho que sucedería: NEGARLE. Pedro en el huerto de Getsemaní, cuando la turba que los religiosos habían preparado para capturar a Jesús cual malhechor, desenvaina su espada y corta la oreja de Malco, guardia del sumo sacerdote.

A veces queremos hacerlo todo en nuestras fuerzas y libramos las batallas equivocadas. Se nos olvida que las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para destruir fortalezas. Guarda la espada de tu lengua para contender y compórtate como alguien espiritual que espera en Dios y que ha tomado la decisión de dejar que la oración y la palabra del Señor sean su mayor arma. Discutiendo y siendo conflictivos, no puede seguir siendo nuestra batalla. Llevando la contraria y amenazando para sacar provecho de las situaciones, tampoco puede ser tu método de victoria. Si llevas orando algún tiempo porque situaciones del pasado queden lapidadas, la mejor actitud será una blanda respuesta y soltar el control.

Las fuerzas del hombre son limitadas. Las de Dios infinitas. Librar batallas de la misma forma como lo hace el mundo, no tiene sentido ni peso espiritual. Cambiar a la fuerza los argumentos de aquellos que te llevan la contraria y te amargan, es ser blanco fácil de la ira, el resentimiento y nadar en un oscuro barro de dolor sin fin. Pon tus pies sobre la roca que se llama Cristo Jesús y despende de Dios. Cambia la estrategia de cómo has venido llevando tu vida y la forma de resolver tus conflictos emocionales, familiares, laborales y personales. Responde con palabras blandas cuando escuches hostilidad, no te lleves nada al plano de lo personal y recuerda siempre quien eres en el Señor.

Reemplaza tus batallas fallidas que te frustraron y colmaron de impotencia y stress, por instantes de fe alimentándote de la Palabra. Ora pidiendo dirección y gracia delante de las personas tóxicas que te ha costado lidiar en el tiempo y mantén tu corazón guardado en el amor de Dios para que estés siempre listo para bendecir y perdonar. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final. Abrazo fraterno.

Pr. José Ángel Castilla

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