La primera ley del espejo dice: Lo que me molesta del otro, es lo que tengo dentro de mi. Es más fácil observar los errores y fallas ajenas que vernos las propias. Podemos llegar a ser tan críticos que tengamos soluciones y demos cátedra de lo que otros deban hacer con sus vidas, pero ese discurso no nos lo decimos a nosotros mismos. Cada cual juzga según su sistema de valores y creencias, pero a veces juzgamos mal y terminamos viendo astillas en el ojo ajeno, pero somos ciegos de no ver troncos en el nuestro. Hace algunos años en una reunión de líderes, hice una pregunta a los asistentes a la misma: «Díganme algo que ustedes sepan hacer y que los demás no sepamos». El 90% de las respuestas que escuché fueron negativas.


Yo respondí a esa pregunta con una respuesta positiva. Les hablé de la motivación de preparar pastas para compartir con mi hija en los ratos libres que compartimos juntos. Tenemos que acostumbrarnos a enfocarnos en lo bueno que tienen y que hacen los demás y no en lo malo. Cuando hacemos un balance de virtudes y cualidades en las demás personas, encontraremos que estas pesan y son más que las negativas que a veces las malas motivaciones pueden hacernos ver. Cuando conocemos a las personas a fondo, nos daremos cuenta que tienen pajillas en sus ojos. Todos las tienen, pero si deseas juzgar y dañar, no te olvides de los troncos que tienen tus ojos.

Ellos te impiden ver las capacidades y cualidades de los demás. De lejos no vemos los lunares en la piel de las personas. Al acercarnos a ellas, les veremos sus manchas e imperfecciones. Si esta analogía la usamos como errores y defectos en la gente, siempre los magnificaremos antes que a las virtudes y fortalezas de ellos. Mientras más cerca estamos de la gente, más conoceremos de su vida e historia. ¿Qué resaltas en las personas que te rodean? ¿Destacas más sus errores que sus virtudes? No dañes amistades ni rompas relaciones cualesquiera estas sean, porque tus críticas, perfeccionismo y exigencias, te llevaron a enfocarte más en sus errores.


Suelta tu martillo de juez, TODOS fallamos y tú has cometido muchos errores. Hoy te invito a afirmar a alguien cercano de tu familia o entorno laboral. Escríbele y reafírmale algo positivo, de lo que tú le admiras como persona. Necesitamos crear una cultura de hablar y pensar bien. ¿A qué persona has juzgado? ¿Qué daño te han causado con palabras y aún hoy te cuesta perdonar? Renuncia a la crítica destructiva, esfuérzate y crea hábitos de hablar bien de los demás. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Bendiciones para todos. Abrazo fuerte.

Pr. José Angel Castilla

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