La angustia la define el diccionario como: Estado de intranquilidad o inquietud muy intensas, causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro. En angustia hemos estado en la expectativa de que algo bueno ocurra, pero el corazón nos late a millón a veces creyendo en que lo malo será lo que nos ocurrirá. He allí donde necesitamos aferrarnos a algo y ese algo es el brazo del Señor. No se qué pueda angustiarte hoy a ti o tú familia, pero allí tienes a tu mejor ayudador y será nuestro invisible y poderoso Dios, listo para liberarnos. Luego que Jonás fue tomado por aquellos hombres que viajaban con él en aquel barco y es arrojado al mar, un gran pez preparado por Dios se lo traga. Aunque suene absurdo o coincidencial, DIOS ESTABA AL CONTROL DE TODO.

No alcanzo a imaginarme lo que pasaba por la cabeza de Jonás. Pero desde ese vientre aquel hombre levanta un clamor y reconoce que en la angustia oró y el Señor le envió la respuesta. A veces buscamos las respuestas en los lugares y personas equivocadas. La primera puerta que tenemos que abrir es la de Dios, a través de la llave de la Oración. Ese es el orden correcto. Erramos cuando comenzamos a contarle a todo el mundo lo que nos ocurre pero no oramos, no buscamos respuestas en Dios, sino en nuestras experiencias pasadas o personas que creemos nos pueden ayudar. Puedes tomar actitudes de conmiseración en esos turbios momentos de angustia pero sólo será el Señor quien reciba tu clamor, lágrimas y responda a tus peticiones.

Recordemos la desobediencia del profeta Jonás respecto a la instrucción de Dios. Aún así y pese a que la única salida que el barco en el que viajaba tenía, era deshacerse de él, tuvo un momento de arrepentimiento dentro del vientre del pez. Levántate desde el lugar de tu desobediencia y levanta clamor delante del Señor. Será su misericordia la que te extenderá la salida y te devolverá la fuerza y el ánimo para seguir creyendo. Enamórate más y más de Jesús y eso fortalecerá tu comunión, para poder decir no al pecado y siempre obedecer. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final.

Abrazo fraterno y feliz inicio de semana.

Pr. José Ángel Castilla

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