No sabemos con certeza qué clase de pez fue el que se tragó a Jonás. Algunos estudiosos apuntan al cachalote o a un tiburón grande. Lo importante está en saber que ese pez, lo utilizó el Señor para rescatarlo de las profundas aguas a donde caería y se terminaría convirtiendo en una tumba de agua, donde tendría que estar en oscuridad absoluta, por tres días y tres noches. El enredo de las algas marinas, el oleaje por encima de su cabeza y el silencio de lo profundo del mar, fue la descripción tan gráfica que utiliza el libro, para mostrar el momento en que un hombre de Dios, se rinde y reconoce su cercanía a la muerte. Esos cerrojos de un ataúd de agua, lo hubieran sellado y callado para siempre.

Los hombres de Dios no estamos exentos de fallarle al creador y dador de la vida. Por mucho que nos esforcemos en nuestras fuerzas propias, nunca sin apoyo de la gracia, será imposible vivir en concordancia con la palabra de Dios y fluir en obediencia. Reconocer la fragilidad, es algo que Dios ama en nuestros corazones. No hay nada más abominable para el Señor, que la altivez y el orgullo. Así tenemos que ver las manos del Señor, levantándonos de la fosa de la muerte eterna a través de Cristo Jesús. Necesitamos reconocer y dar gracias, que sin ese sacrificio en la cruz, no habría salvación y un lugar especialmente reservado para nosotros en la eternidad. Si te sientes hoy en una tumba de aguas turbulentas, producto de tus malas decisiones y pecados, te invito a callar y permitir al Espíritu Santo que pueda hablar a tu corazón.

Renuncia a esa fallida acción y sus consecuencias espirituales, en el nombre de Jesús. Quita las algas de tu cabeza y permite que tus pensamientos sean alineados con la voluntad perfecta de Dios. Debajo del vientre del pez no hay nada más que callar y reconocer quién eres y lo que has hecho. Por muy horrible que suene la falta que cometiste, el perfecto amor del Padre te recibirá, limpiará y te dará una nueva oportunidad. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

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