Falta de compasión y misericordia


Ahora vemos a un Jonás enojado por la misericordia que Dios mostró hacia Nínive. Ya había huido hacia Tarsis en primera instancia, para no llevar el mensaje propuesto por Dios a los ninivitas. En ésta ocasión se va al oriente de la ciudad a hacer una enramada y refugiarse dentro de ella mientras observa lo que anhelaba en su corazón que sucediera: Que Nínive fuera destruida por su maldad. ¿Cuánto amor y misericordia cabe dentro del corazón de Dios? El Señor perdona a este pueblo así como nos ha perdonado una y otra vez a nosotros. El mensaje de Dios produjo un cambio en el corazón de los ninivitas. Cristo Jesús el verbo, ha transformado nuestros corazones, de desierto a valles fértiles de vida y frutos. Creo que el arrepentimiento produce tanta alegría en el corazón de Dios que su deseo es festejar por ello.

Así como cuando el evangelista Lucas en la parábola del hijo pródigo, narra cómo el padre mandó a preparar una gran fiesta porque el hijo extraviado había regresado a casa. Nadie debe estar triste o aún enojado si un pecador se arrepiente y decide caminar con el Señor. No había motivos para que Jonás estuviera molesto y huyera, a refugiarse a su enramada para ver juicio bajo su óptica, pero muy lejos de lo que Dios quería hacer en ese pueblo perverso. Vuelve a preguntar al Señor, acerca de lo que necesita cambiar en ti. Quizás juzgas y criticas al extremo a las demás personas y te falta mostrar un poco de compasión y misericordia.

Tú no eres juez para levantar juicios morales contra nadie. Deja que Dios juzgue los corazones y las intenciones y actitudes de la gente. Pide perdón si te cuesta ser compasivo y misericordioso. Renuncia a estar a la defensiva de forma permanente. Si otros fallan, también fallas tú. Si otros pecan también pecas tú. Si luchas con ciertas áreas, otros también luchan. Un poco de compasión y empatía, no le viene mal a tu vida relacional. Eso te bendice, alivias cargas interiores y te cuidas de no proferir juicios y ser injusto con los demás. No huyas a ninguna enramada a ver cómo le va mal a aquellos que consideras deberían pagar por lo que hacen. Renuncia a la crítica, resentimiento y falta de perdón y amargura. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

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