Hace mucho tiempo, aprendí que toda mi adoración debía ser sólo para Dios. Desde entonces, nunca más utilicé la palabra: adorar, para referirme al amor que tenemos hacia personas cercanas a nuestro corazón. Fuimos creados con el propósito de adorar y complacer al Dios que nos dio la vida, y que busca ser exaltado y puesto en el primer lugar. Los Judíos y samaritanos eran dos pueblos, que tenían diferencias culturales y doctrinales acerca del lugar correcto de culto a Dios. En la conversación de Jesús con la mujer samaritana, aflora el deseo del Señor, de buscar a esos adoradores que le adoren en espíritu y verdad. Si Jesús busca adoradores de verdad, es porque existen los FALSOS adoradores.

Exalta de forma cotidiana a Dios. No sólo cada semana cuando levantas tus brazos el domingo en la iglesia. ADORAR habla de gratitud permanente, rendición y dependencia a Dios. Va mucho más allá que emocionarte oyendo canciones bonitas de adoración. Permite que tu corazón agradecido, pueda cantar una melodía de amor para su creador. Una falsa adoración es aquella que se hace sólo con las palabras, como intentando impresionar al Padre, pero nuestro corazón está lejos de lo que decimos. Un buen adorador es humilde al reconocer cuando falla y no da lugar al orgullo, porque es una barrera para poder acercarnos al Señor. La altivez Él la aborrece y el corazón contrito y humillado, jamás será despreciado por Dios.

No busques agradar y complacer a personas de forma desmedida y en algunos casos mendigando en ellas, nada que sólo Dios pueda darte. No intentes llamar su atención, ni las coloques en un pedestal o pódium en el corazón. Sólo Dios merece ocupar el primer lugar. Que tus palabras, actos y pensamientos lo AGRADEN. Destrona de tu corazón, el espacio que una relación sentimental, tus hijos, o tu trabajo, etc., han ocupado y que le pertenece sólo a Él. Recuerda complacerlo con tu vida. Eres un perfume de alabastro, cuyo aroma traerá placer, al corazón de Su creador. Nunca olvides que Él no ha terminado contigo. Suscríbete a éste blog y recibirás notificación en tú correo electrónico, cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

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