Qué privilegio es servir al Señor. Es hermoso ver los corazones transformarse por el poder del Espíritu Santo. Nadie puede cambiar por sí mismo ninguna área del carácter sino es a través de la intervención divina. El hombre que nacería producto de glorificarse el Señor en la estéril matriz de Elizabeth, sería la única persona mencionada en el nuevo testamento, que estaría llena del Espíritu Santo desde su nacimiento. El nombre de aquel hombre era: «Juan el bautista». Tendría el gran ministerio profético, de anunciar el Reino de Dios y la llegada de Jesús. Cuánta responsabilidad tendría entonces Juan, de mostrar señales y llevar a que los corazones apartados se arrepientan y se conviertan de sus malos caminos. El nombre Juan significa: Dios es misericordioso. Es maravilloso ver cómo el Señor culmina el antiguo testamento con la poderosa profecía de Malaquías 4:6, en la que el corazón de los padres volvería al corazón de los hijos y el de éstos últimos regresaría al de sus padres.

Luego de semejante declaración, Dios se calla por cuatrocientos años y vuelve a hablar con él cumplimiento de esa promesa en Juan. Ese tiempo de silencio de Dios, lo conocemos como período ínter testamentario. La predicación y mensaje de Juan, buscaría restaurar los corazones de las familias quebrantadas, deshaciendo los efectos del pecado y un llamado de Israel al arrepentimiento. Dios ama profundamente las familias y desea la restauración de las relaciones entre sus miembros. La salvación proviene de Dios y esa propiciación por nuestros pecados la entrega Cristo Jesús. Hoy día no vivimos tiempos distintos como aquellos en los que Juan predicó. Seguimos predicando acerca del arrepentimiento de los corazones y que éstos escuchen el mensaje de esperanza que sólo Jesús ofrece.


La paz en nuestros corazones, la sanidad física y espiritual, nos la entrega Jesucristo. Necesitamos tanto de Su amor que venga y riegue la sequía de algunos corazones apáticos a Dios, dolidos porque se sienten que el Señor les falló. El pecado se ha acrecentado tanto, los valores en los hogares se han perdido producto de la falta de temor a Dios. Necesitamos tanto de su misericordia. El Señor vuelve por nosotros. Esforcémonos porque nuestros pasos estén alineados a la esperanza de su venida. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación en tu correo electrónico, cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

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