Tal y como la ley del Señor lo establecía, todo primer hijo varón de una mujer debía ser dedicado y presentado al Señor. Por esa razón José y María fueron obedientes a Dios. Presentan a Jesús junto con el sacrificio requerido en la ley, el cual consistía en «un par de tórtolas o dos pichones de paloma». Pasados ocho días, es Jesús circuncidado y llamado, tal cual como el ángel le había dicho a María que lo llamara, antes de ser concebido. Es Jesús, el cumplimiento de todas las profecías que la literatura mesiánica en la Biblia, mostraba que un Salvador vendría. Recordar esto, llena de esperanza el corazón. Destacable y admirable desde donde se le mire, la buena y hermosa actitud que toma María.


Creer al anuncio de un ángel que le indicaría que quedaría embarazada sin haber nunca antes conocido ningún hombre. Fue pasar por encima de barreras culturales, el oprobio, el peligro de ser despreciada por quien sería su futuro esposo. Todas estas pudieron ser limitaciones para el nacimiento virginal de Jesús, pero el Padre tomó control de cada detalle que no permitió que nada dañara el cumplimiento de ese propósito. Todo gran plan puede sufrir ataques y pruebas. Aún el mismo Jesús pudo haber sido asesinado por orden de Herodes si José y María, no huyen a Egipto, cuando un ángel les ordena hacerlo para guardar la vida del niño.

Obedecer a Dios demanda a veces atravesar valles y montes empinados. Si estás experimentando fuertes luchas en el cumplimiento de tus propósitos, descansa, espera y obedece. María se embarazó de salvación y esa salvación nos alcanzó a todos los que hemos creído y aceptado a Jesús como Señor y Salvador personal. También Jesús aprendió a obedecer siendo Hijo de Dios. Su humillación es un hermoso acto que toca nuestros corazones. Aquí también aprendemos el principio, de que nosotros no bautizamos a nuestros hijos. Los presentamos siendo bebés y confiamos que modelando el evangelio de vida desde casa, ellos un día decidan bajar a las aguas por decisión propia y no por voluntad de sus padres.


Aprendamos hoy el hermoso ejemplo de María. Aceptar una difícil comisión. Te imaginas si hubiese sido negativa e incrédula y abortar el propósito. ¿En dónde estaríamos nosotros hoy? Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación a tu correo electrónico, cada vez que suba una nueva entrada. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final. Abrazo fraterno para ti.

Pr. José Ángel Castilla

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