La esperanza es la expectativa confiada y el anhelo profundo, de recibir las bendiciones que Dios ha prometido a los justos. Quien espera en esto, purifica su corazón día a día. No existe mayor expectativa que la que logra en nosotros, las promesas de Dios y la futura venida de Cristo mismo. Un día Él regresará, pero llegará hasta las nubes y su iglesia se encontrará con Él en el rapto. Esto lo vivirá aquel que por su fe, creyó temió y recibió a Jesús como suficiente y único Salvador personal. Simeón era un hombre justo y devoto, que esperaba conocer al mesías que traería la salvación a Israel. Lo más hermoso que encontramos en el versículo veintiséis del pasaje que meditamos hoy, es que el Espíritu Santo le había revelado que no moriría, sin ver cara a cara al mesías: Cristo Jesús. Cuánta fe y amor en el corazón de éste hombre, que amaba a un Dios no conocido pero con la expectativa de no cerrar sus ojos, e ir a la eternidad sin antes verlo.

Como cristianos debemos estar plenos de fe en lo que el Señor nos ha dicho. Vivimos tiempos de crisis moral, política y económica a nivel mundial. Con más razón que nunca, necesitamos estar enfocados en el Señor y en Su Palabra. Nada diferente a la Biblia, nos entregará las luces para alumbrar el camino incierto que muchos transitan. Algunos prefieren leer portales de noticias y creer primero en los indicadores económicos, pero no en lo que el Señor nos habla por Su Palabra. El reloj profético de lo que sucederá, lo tiene la Biblia. Simeón tenía comunión con el Espíritu Santo y eso lo llevaba a esperar que lo que el Señor prometía, se cumpliría. Te invito a creer amado lector, con un corazón sencillo, enseñable y manso en las palabras del Señor. Como judío Simeón, esperaba al Mesías, y Dios puso en su corazón, la seguridad de que lo vería antes de partir.


Movido por el Espíritu Santo que no conocía, vino al Templo y al llegar María y José con el Niño Jesús, Simeón los bendijo, y expresó que podría descansar en la eternidad, ya que sus ojos, habían contemplado al Salvador. Me ministra tanto la fe y el amor de éste hombre por Jesús. Necesitamos devoción y más pasión por el Señor. Esperemos en Él con una esperanza ciega, sabiendo que Él es cumplidor de promesas y que un día regresará por su iglesia. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación en tu correo electrónico, cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de esta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Abrazo fraterno para todos y feliz fin de semana.

Pr. José Ángel Castilla

1 comentario

  1. En el trayecto de mi vida el caminar con Cristo ha Sido todo un proceso. El llegar a amar al Señor al nivel de esperar con confianza inamovible y sin importar las batallas el cumplimiento de sus promesas es un acto delicado y sublime que hace el Señor con nosotros. Su susurrar en nuestros oídos nos brinda el anhelo y la esperanza que todo un día es posible.

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