El mensaje de Juan el bautista no era suyo, sino que era el instrumento que Dios usó, haciéndolo portador de una palabra dinámica y viva, que buscaba un cambio en el corazón de quienes la oyeran. Ese es el deseo de Dios para nosotros: Vernos crecer y parecernos cada día más y más a Jesús. El aguijón en el mensaje de Juan, fue que el simbolismo de nuevo nacimiento y conversión de los pecados, debía darse a través de un rito exclusivo para los judíos y no para los gentiles. El mensaje en el corazón de Dios, era que tanto los unos como los otros, recibieran la salvación a través de la fe en Cristo Jesús. Sin Él, sería imposible el perdón de los pecados y la vida eterna. Nadie puede decir que vuelve sus ojos a Dios, sino se arrepiente de todo corazón. He allí que el mensaje de Juan, era claramente el cumplimiento de la palabra profética de Isaías cuando declaraba: Voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas». Esta profecía le da nombre a mi entrada de hoy.

Una senda torcida y no derecha, impide un paso firme y alineado a quien transite por ella. Cuando nos introducimos a trochas y caminos destapados y en mal estado, sufren nuestros pies, el vehículo en el que nos movilizamos y llegamos retrasados a nuestro destino. El Señor desea vernos caminar firmes y seguros en sus caminos. Como creador y padre eterno, no desea vernos mal y mucho menos vernos tropezar, a ninguno de sus criaturas e hijos. Continúa el profeta Isaías hablando del mensaje de Juan, de que los valles serían rellenados, así como las montañas y las colinas, allanadas. Aplanar una colina o montaña, implica prácticamente desaparecerla y volverla una llanura. ¿Cuántas veces nuestro corazón ha sido rodeado por altos y densos muros de errores y pecados?


El pecado y los deleites de la carne no traen otra cosa al corazón que aspereza espiritual. El Padre nos promete suavizar el corazón y hacernos volver a Él. No se cuán frio, seco y áspero espiritualmente hayas llegado a sentirte, NUNCA ES DEMASIADO TARDE PARA PONERTE A CUENTAS CON EL SEÑOR. Reconoce tus pecados delante del Señor en este nuevo día y dale la espalda a las tentaciones que te seducen e incitan a fallarle a Dios. Recuerda que el Señor no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación en tu correo electrónico, cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de esta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Abrazo fraterno para todos y feliz fin de semana.

Pr. José Ángel Castilla

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