Frutos dignos de arrepentimiento


El hacha de Dios es el arma filosa para talar árboles completos desde su raíz si fuera necesario. Esto habla del juicio rápido, seguro e inminente, a través de las palabras de Juan ante la corrupción social, política y religiosa de la época. No es el plan perfecto de Dios, que su pueblo perezca, sino llevarlo a un arrepentimiento genuino de sus pecados y que pueda volver su corazón nuevamente al Señor. Somos como esos árboles que describe Juan el bautista en la porción bíblica de hoy. Quizás nuestras raíces se han profundizado en terrenos improductivos y sin vida, logrando que así sea nuestra apariencia. Lucimos escuálidos y secos porque dejamos de producir fruto. La multitud que llegaba al río Jordán, usaban túnicas que eran un atuendo interior y comúnmente se usaba sólo una. Por tal motivo los que tenían dos, fueron exhortados a quedarse con una y regalar la otra. Al igual sucedía con el alimento, el llamado era a poder compartirlo también.

Llegaban también los recaudadores de impuestos del imperio, los cuales se enriquecían tomando de más. Se adjudicaban un derecho que no les correspondía, abusando así del poder que tenían. Lo mismo hicieron los soldados, preguntando lo que debían hacer y la respuesta contundente que les entrega Juan, fue que no extorsionaran, tampoco hicieran falsas acusaciones y que estuvieran satisfechos con su salario. De esta forma, el bautismo de arrepentimiento de Juan el bautista, provocaba incomodidad en el corazón de estos funcionarios de gobierno. El Señor realmente quería para ellos lo mismo que busca en cada corazón de hoy: Volvernos a Dios, reconocer los pecados y acogernos a su gracia, favor y misericordia. Permite que el hacha de Dios corte de tu vida y de raíz, hábitos pecaminosos que lo desagradan.


No juzguemos a nadie por los errores y pecados que han cometido contra nosotros. Encomendemos nuestra causa al que juzga justamente. Sólo el Espíritu Santo podrá redargüirnos y redargüir de justicia, pecado y juicio a quien no quiere reconocer que está mal con Dios. Ora con un corazón sencillo cada vez que te acerques a él, reconociendo tus pecados. Él será justo para perdonarte y limpiarte de toda maldad. Es hora de mostrar frutos y darle gloria a Dios a través de nuestro buen testimonio. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación a tu correo electrónico, cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de esta reflexión a tus amigos y familiares. Abrazo fraterno para todos y feliz fin de semana.

Pr. José Ángel Castilla

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