Hace dos años estuve de vacaciones y visité junto con mi hija, la plaza más importante de Colombia. Mientras caminábamos y disfrutábamos ver y alimentar algunas de las muchas palomas que llegan hasta allí, se me acercó con mucha insistencia un hombre de la calle. Su deseo era ofrecerme realizar el nombre de mi hija con alambre. Mientras hacía su trabajo, comencé a hablarle del amor del Señor y de paso orar por un dolor de espalda que me comentó estaba padeciendo. Ese hombre que tenía enfrente, un día sirvió al Señor a través de la música y predicaba también la Palabra de Dios. El deseo en el corazón del Señor es ver restaurada el corazón de las personas y que aquellos que han estado apartados, vuelvan a sus caminos. Hay alegría en los cielos cuando alguien que ha estado perdido espiritualmente, es hallado, se arrepiente y regresa.

Cuando terminé de orar y luego pago a aquel hombre por el trabajo que realizó, lanzó al piso una lata de cerveza recién abierta que se iba a tomar, justo antes de abordarme. Aquella lata terminó aplastada fuertemente con su zapato y su contenido, derramándose en el piso. Me mira fijamente a los ojos y me dice: «Ya no necesito de esto». Aquel acto fue un verdadero regalo de Dios de arrepentimiento y reconciliación que mis ojos vieron ese día. Eso trajo tanta alegría a mi corazón y recordé lo que siente el Señor cuando un pecador se arrepiente, hay fiesta y alegría en los cielos. Eso describe el evangelio de Lucas en el capítulo 15 cuando nos describe tres pérdidas: Un hijo, una moneda y una oveja que es encontrada.

No podemos perder la sensibilidad frente a la necesidad espiritual de la gente. Muchos caminan en la vida, sin esperanza, sin rumbo y completamente perdidos. Tener a Cristo como Señor, nos insta a compartir de su luz, a quien vive en oscuridad. No necesitas ser pastor para hablar del amor de Dios. En el lugar donde trabajas o vives, puedes ser usado por Dios para mostrar de su amor. Un día Él levantó tu vida, vive ahora para levantar Su nombre. Ora hoy por salvación y esperanza a quien no la tiene. Alguien cerca de ti estoy seguro que necesita saber que Cristo le ama. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de esta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog.

Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla