Comienzo la entrada de hoy con una frase de John Dewey:

“El fracaso es sumamente instructivo. La persona que piensa de verdad, aprende tanto de sus fracasos como de sus éxitos”.


Cada fracaso es una oportunidad de aprendizaje. Te invito a reflexionar en la pregunta que le coloca título a la entrada del día de hoy: ¿Qué has aprendido de los fracasos que has vivido? Definimos FRACASO, como el resultado adverso en una cosa que se esperaba que sucediese bien. Todos los que en algún momento nos denominamos «fracasados», nos acontecieron cosas inesperadas que no planeamos que ocurrieran así. Eventos adversos pueden llegar a afectar nuestra identidad en Cristo, sino estamos bien asidos y abrazados a ella. También nuestro estima puede menguar y causar que nos sintamos avergonzados y culpables de lo sucedido. Tenemos temor de volver a intentar, por simple temor a volver a fallar. El fracaso no le sienta bien a nadie, pero trae grandes lecciones que forjan nuestro carácter y nos llevan a ser determinados.


El fracaso nos produce un profundo MALESTAR que nos invade el corazón, cuando la realidad que deseamos no tiene nada que ver con la realidad que tenemos. Cuanto mayor es la diferencia, más dolorosos son los sentimientos que experimentamos. El escenario que habíamos imaginado se derrumba y no queda otra que intentar adaptarnos a lo ocurrido. El fracaso nos introduce en un VACÍO, que nos duele igual o más que cualquier herida, que nos desafía y nos enfrenta a todos. Por eso preferimos evitar el dolor resultante de cada fracaso. Esto nos lleva a abandonar, no intentamos y OPTAMOS POR ALGO MÁS FACIL y menos desafiante. Esto es algo que nos alivia de forma momentánea, pero que no dura mucho, porque podemos volver a estar en peligro, ya que no es fácil protegerse del fracaso. Entonces nos estancamos, permanecemos, no avanzamos, nos quedamos ahí, en nuestra zona de seguridad.


“El fracaso nos da la oportunidad de comenzar de nuevo y de una forma más inteligente”.

-Henry Ford-

Cuando ves el éxito como un logro, tiendes a ver el fracaso como lo opuesto. En consecuencia, le temes y haces todo lo posible para evitarlo. Esto ocurre cuando confundes erróneamente el fracaso, que es solo temporal, con la derrota, que es el final. Ambas palabras no son sinónimas. La derrota es un fin, pero el fracaso es un medio. Nadie puede ser derrotado en la vida, sino la persona que se rinde por completo. El fracaso puede ser un camino hacia el éxito. Todas las personas exitosas lo saben y han aprendido, cómo aprovechar el fracaso en su beneficio. Te invito a ver la enseñanza completa en el siguiente enlace y no perderte todos los martes a través del canal cbintv de youtube, el programa Directo al corazón.

Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de esta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

Gracias por leer nuestras entradas y comentar lo que Dios está hablando y haciendo en tu vida.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s