¡Sáname y límpiame Señor!


En los tiempos bíblicos, la lepra era una enfermedad incurable y muy contagiosa. El leproso quedaba terriblemente marcado y con el tiempo, se convertía en un ser repulsivo para sí mismo y para los demás. El avance de la enfermedad, llevaba al leproso a perder su aspecto humano, sus nervios perdían sensibilidad, los músculos se degeneraban, los tendones se contraían hasta el punto de dejar las manos como garras. Además de todo lo anterior, se producían úlceras crónicas en los pies y en las manos. Con el tiempo el leproso perdía los dedos, sus manos y hasta los pies enteros. Era trágico, triste y denigrante sufrir esta horrible enfermedad.
Debido a esto y por la alta posibilidad de contagio, el leproso era separado de su familia y de su vida social. Por esta razón vivían aislados en aldeas o cerca de las tumbas. En el siguiente pasaje leeremos la historia de un hombre que padecía de una lepra avanzada.

No alcanzo a imaginar cuánto desprecio familiar y social experimentó este hombre. Estaba cansado de no encontrar cura para sanarse. Por eso al ver a Jesús, se inclinó y le suplicó que lo sanara. El Señor no desea ver áreas con lepra en nuestra vida. Ellas muestran heridas y llagas no tratadas que con el tiempo terminan desmembrándonos emocional y espiritualmente. He allí la obra del enemigo de nuestras almas: vernos aislados, en cementerios emocionales donde se respira tristeza, incertidumbre y desconcierto. Dios quiere luz para nuestros corazones y poner aceite en tus heridas de lepra para que te levantes y vivas la plenitud de la verdadera libertad en Cristo. Pide hoy al Señor que extienda su mano sobre tu llaga y deja que sane y limpie lo que el pasado dejó como huellas de dolor. Cierro la entrada de hoy con las palabras del salmista David en el salmo 30: «Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.


Canta en este día un cántico de gratitud y libertad en el Señor por cambiar tu lamento en danza. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de esta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

2 respuestas a “¡Sáname y límpiame Señor!

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