Cuando Dios abre su mano


Cuando estamos en gestación en el vientre de nuestras madres, nos sentimos seguros porque allí lo tenemos todo. Si nuestras madres se ríen, el útero se mueve y el bebé se columpia en ese universo reducido, fascinante pero seguro. Ambos, tanto madre como hijo, disfrutan de esa alegría y dinamismo único, que permite que le lleguen al pequeño un gran número de hormonas, asociadas a la sensación de bienestar, como lo son, la serotonina o las endorfinas. Cuando el bebé nace desconoce el mundo y las relaciones humanas. Es una hoja en blanco lista para ser escrita. Durante su crecimiento, los pequeños crean unos “mapas mentales” acerca de cómo funciona el mundo y cómo deben relacionarse con él.

Dentro de esa construcción de ésta guía vital, los bebés toman nota de sus padres, como aquellos que les procurarán sus cuidados. Allí es cuando inicia el apego seguro, pero con el tiempo, llega su independencia. Comparando ésto con nuestra vida espiritual, uno de los grandes problemas que tenemos, es creernos independientes de Dios porque somos adultos y decimos que nos sabemos todas las respuestas. El amor de Dios es como el de una madre por sus hijos y su protección es mayor que el de cualquier otra persona. Piensa en cuántos errores cometiste el año pasado, por ser deliberado y ágil para decidir, sin consultar ni depender de Dios. Los seres humanos somos criaturas táctiles. Empezamos a conocer el mundo a través de las manos y del contacto físico, explorando, sintiendo, conectando con el medio y con las personas a través de la piel y de nuestros dedos.

El tacto completa el sentido de la vida. La piel es un conductor emocional y nuestro tacto tiene memoria, escribe el poeta inglés John Keats. Déjate tocar por el Señor éste año. Que sus manos sean impuestas en cada área de necesidad física, espiritual o emocional. Abre tus manos y depende de la provisión sobrenatural que el Señor pondrá en ellas. No hay mejor lugar que los brazos y manos del Padre. Déjate seducir, enamorar y reenamorar de su infinito amor. Sus manos, obrarán a tu favor, te cuidarán y sólo en ellas te sentirás seguro y fuerte. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Deja tu comentario al final del blog. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

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