Ama a tus enemigos


Una de las cosas que más le cuesta al ser humano es estar dispuesto para escuchar. El orgullo, la terquedad o sentirnos suficientes, son razones para no prestar atención y acatar los consejos de vida que Dios nos entrega en su Palabra o a través de buenos consejeros. Creo con profundidad, que debemos deternos y meditar en las palabras de Jesús. Y en éste pasaje el énfasis principal es el AMOR A LOS ENEMIGOS. Lo más fácil sería despreciar y rechazar a quien nos ha despreciado o rechazado. No se trata entonces de dejarnos llevar por sentimientos de venganza y dar rienda suelta a nuestra carne. El mandato es amar a quien más nos hace daño, hacer el bien a quien nos odia, bendecir a quien nos maldice y orar por quien nos lastima. AMAR, HACER EL BIEN, BENDECIR Y ORAR POR… Detente en estos 4 mandatos.

Cuánta sabiduría en la boca de Jesús, al enseñar a las multitudes que debemos amar siguiendo su ejemplo, ya que el tema principal del evangelio está allí. Nuestro perverso corazón pensaría en condicionar y aplicar méritos para entregar el amor. Pero Jesús se entregó sin condiciones. Su compromiso y cumplimiento del plan de salvación por toda la humanidad, superó la razón y no esperó que le amaramos para darse por nosotros. Por eso nuestro enfoque debe estar allí: Si Cristo me amó y por tal razón me perdonó, por ese amor incondicional, estamos llamados a hacer el bien a quien nos hace daño. Servir y ser cordiales con quien nos traicionó o engañó no es ser bobos o tontos como el mundo nos pretende señalar y juzgar. La invitación de éste pasaje es bendecir a quien nos ha hecho daño y orar por esas personas que muchas veces nos roban la paz del corazón.

Te motivo amado lector, a meditar y perdonar a tus enemigos. Seria bueno que te tomes unos minutos para identificar la raíz en tu corazón que más te hizo enojarte y te llevó a criticar y juzgar a alguien. No iniciemos el año con actitudes tóxicas en el corazón. Aunque tú no recibas bendición ni perdón de parte de a quien llamas ENEMIGOS. No esperes nada ni pretendas recibir bien para bendecir a los demás. Imita a Jesús. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

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